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Ichthys, el Pez de Jesús

El Ichthys: El antiguo símbolo cristiano del pez, símbolo de fe y perseverancia

Durante casi dos mil años, la sencilla silueta de un pez —conocida como el Ichthys— ha sido uno de los emblemas más reconocibles del cristianismo. A menudo llamado el «pez de Jesús», este antiguo símbolo encierra una historia de secreto, fe e identidad. Sus raíces se remontan a los primeros siglos de la Iglesia, cuando los seguidores de Jesús vivían bajo la sombra de la persecución, pero se mantenían firmes en su fe.

Significado de la palabra Ichthys

El término Ichthys (ΙΧΘΥΣ) es la palabra griega para “pez”. Los primeros cristianos le dieron a esta palabra común un significado más profundo y oculto al convertirla en un acrónimo:

  • I – Iēsous (Ἰησοῦς) = Jesús

  • CH – Christos (Χριστός) = Cristo

  • TH – Theou (Θεοῦ) = de Dios

  • Y – Huios (Υἱός) = Hijo

  • S – Sōtēr (Σωτήρ) = Salvador

En conjunto, la frase se traduce como: “Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador”.

Así pues, el símbolo del pez era más que un dibujo; era una declaración concisa de la fe cristiana en quién es Jesús.

La rueda: La forma anterior del Ichthys

Antes de que se generalizara el conocido contorno del pez, algunos de los primeros cristianos utilizaban una versión más discreta del símbolo, conocida como la rueda de Ichthys . En este diseño, las cinco letras griegas de la palabra ΙΧΘΥΣ se superponían alrededor de un círculo, formando un patrón que se asemejaba a una rueda de ocho radios.

Para los ajenos a la fe, no parecía más que una forma decorativa o geométrica. Pero para los cristianos, transmitía el mismo mensaje poderoso: «Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador». Es probable que esta forma de rueda fuera la primera, ofreciendo a los creyentes una manera aún más discreta de confesar su fe en una época en la que ser descubierto podía significar persecución o muerte.

La pesca milagrosa
La pesca milagrosa, por David Teniers (1670).

Orígenes del pez de Jesús en tiempos de persecución

Durante los tres primeros siglos de la Iglesia, los cristianos a menudo se enfrentaron a la hostilidad de las autoridades romanas. Declarar abiertamente la fe en Jesús podía acarrear prisión, tortura o incluso la ejecución. En ese contexto, los creyentes necesitaban maneras discretas de reconocerse entre sí y expresar su fe.

El Ichthys se convirtió en una de estas señales secretas. La tradición cuenta que cuando dos desconocidos se encontraban, uno trazaba una línea curva en el suelo. Si el otro también era cristiano, completaba la figura, formando el contorno de un pez. Este gesto silencioso permitía a los cristianos reconocer a sus correligionarios sin alertar a posibles enemigos.

Conexiones bíblicas con los peces

La elección del pez no fue casual. En los Evangelios, el pez se asocia frecuentemente con Jesús y su ministerio:

  • Jesús llamó a sus primeros discípulos —Pedro, Andrés, Santiago y Juan— de su trabajo como pescadores, prometiéndoles convertirlos en “pescadores de hombres” (Mateo 4:19).

  • Milagrosamente alimentó a miles con panes y peces (Mateo 14:13–21; 15:32–39).

  • Después de su resurrección, se apareció a los discípulos junto al mar de Galilea y les preparó pescado para comer (Juan 21:9–13).

El pez se convirtió así en una representación apropiada del discipulado, la provisión y la presencia del mismo Cristo.

El Ichthys a través de la historia

Si bien la cruz acabó convirtiéndose en el emblema central del cristianismo, el Ichthys nunca desapareció. Se ha encontrado grabado en las paredes de catacumbas, tallado en antiguas lápidas y grabado en anillos y sellos pertenecientes a los primeros creyentes.

En siglos posteriores, sobre todo en épocas de renovada hostilidad, el pez volvió a servir como un silencioso recordatorio de identidad y fe. Hoy en día, es ampliamente reconocido y se ve con frecuencia en pegatinas para coches, joyas u obras de arte, a veces con el nombre de Jesús dentro del símbolo.

El legado perdurable del pez

El Ichthys es un poderoso recordatorio de la resiliencia de la Iglesia primitiva. Representa una fe que no pudo ser silenciada, ni siquiera ante la amenaza de muerte. Para los cristianos de hoy, el Pez de Jesús —ya sea en su antigua forma de rueda o en su silueta familiar— sigue siendo un vínculo con la valentía del pasado y un símbolo de la verdad eterna del Evangelio: que Jesucristo es, en efecto, el Hijo de Dios y el Salvador del mundo.

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La canción: El Secreto del Pez

Acerca de la canción

 El Secreto del Pez (Ichthys)” es una hermosa  balada de adoración que revive el antiguo símbolo cristiano del pez —el Ichthys—, emblema de fe secreta y esperanza eterna en tiempos de persecución. Con un tono íntimo y reverente, la canción viaja desde la sombra hasta la revelación, desde la clandestinidad de los primeros creyentes hasta la proclamación abierta del Evangelio.

 

Verso 1

En la sombra, el mundo no puede ver, Nuestra fe es un fuego que no va a ceder. El imperio acecha, la noche es tan cruel, Mas llevamos el sello de Cristo, fiel. 

Coro

Iktus, la clave que nos da el valor, Jesús es el Cristo, nuestro Salvador. De Dios es el Hijo, verdad y señal, Toda nuestra vida es Su ofrenda final. 

Verso 2

Con un dedo trazamos la curva sutil, Un encuentro santo, sencillo y gentil. Si el otro responde y dibuja a la par, Hay un lazo de gracia que nadie ha de quebrar. 

Coro

Iktus, la clave que nos da el valor, Jesús es el Cristo, nuestro Salvador. De Dios es el Hijo, verdad y señal, Toda nuestra vida es Su ofrenda final. 

Verso 3

En la orilla, las redes se quedan atrás, El Maestro nos llama a un camino de paz. “Ya no pesquen peces, sino el alma del ser,” Sembrad la palabra, creed y tened fe.

Puente

Desde cuevas oscuras alzamos la voz, El Rey ha vencido, Su luz está en Nos. Aunque todo lo terrenal se deshaga al fin, Tu Verbo divino no tiene un confín. 

Coro Final

(x2, más fuerte y con pasión) Iktus, la clave que nos da el valor, Jesús es el Cristo, nuestro Salvador. De Dios es el Hijo, verdad y señal, Toda nuestra vida es Su ofrenda final. 

Final

(Calmándose, con reverencia) Toda nuestra vida es Su ofrenda final… Solo a Él pertenece, solo a Él. Santísimo seas, Adonai.

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